CONVIVENCIA: Es la acción de convivir (vivir en
compañía de otro u otros). En su acepción más amplia, se trata de un concepto
vinculado a la coexistencia
pacífica y armoniosa de grupos humanos en un mismo espacio. Por
ejemplo: “El gobierno debe garantizar la convivencia de los diversos grupos
étnicos sin que se produzcan estallidos de violencia”, “Llevamos tres meses de convivencia”.
El ser humano es un ser social. Ninguna persona vive absolutamente aislada del resto, ya que la interacción con otros individuos es imprescindible para el bienestar y la salud. Sin embargo, la convivencia no siempre resulta fácil, dado que pueden interferir negativamente ciertas diferencias sociales, culturales o económicas, entre otras muchas posibilidades.
En ciertos países, dados los elevados precios de alquiler de viviendas,
los inmigrantes se ven
obligados a compartir pisos, y la convivencia entre personas de diferentes
nacionalidades puede ser tan enriquecedora como complicada. Sin lugar a dudas,
el racismo se encuentra entre los peores ingredientes de una vida en común, y
puede acarrear resultados muy lamentables; por otro lado, convivir con una
persona cuya nacionalidad tenga connotaciones negativas para nosotros puede
convertirse en el mejor camino para entender que generalizar
es desperdiciar tiempo y energías, y que un pasaporte no dice mucho
acerca de un individuo.
Pero todos los problemas no son tan graves y profundos como el desprecio
por una raza; una mera diferencia de horarios puede despertar roces y enfrentamientos que
entorpezcan la convivencia. Lo mismo ocurre con los hábitos de limpieza, los
gustos musicales y las costumbres culinarias.
En el mejor de los casos, siempre es posible llegar a un acuerdo, que cada
parte se adapte a las necesidades de las demás para que nadie deba soportar
situaciones molestas o hirientes. Si el diálogo no funciona, o si se llega a la
conclusión de que un cambio no es posible, entonces el mejor camino es una
separación pacífica.
El
respeto y la solidaridad son
dos valores imprescindibles para que la convivencia armoniosa sea posible. Por
supuesto, existen distintos niveles o tipos de convivencia: la convivencia con
la familia en el seno de un hogar es muy diferente a la convivencia con otros
seres humanos en el marco de una comunidad (un barrio, una ciudad), ya que la
intimidad de ambos casos es incomparable.
Diversas corrientes sostienen que la conciencia del Yo sólo puede tenerse a
partir de la existencia del Otro.
En dicha interdependencia social que se
produce en la convivencia, cada persona se define a sí misma.
Los problemas de convivencia pueden impactar en la salud física. Algunos
estudios demuestran que los inmigrantes tienen un mayor índice de enfermedades
cardíacas que los pobladores nativos, una situación que se explica a partir de
la ausencia de vínculos de amistad y del apoyo de los familiares. Una mejor
convivencia, con lazos sociales estrechos, contribuye al bienestar.
Diversos estudios han demostrado que la convivencia con animales de otras especies resulta muy beneficiosa para los seres humanos,
tanto para su salud física como mental. Es importante rodearse de individuos
que no hayan sido corrompidos por las ansias de poder, que no atenten contra
sus pares, que vivan en base al respeto y la compasión; y las personas no
solemos reunir dichas virtudes.
Convivir con perros, por ejemplo, nos brinda lecciones de fidelidad y de
consideración a diario. Además, dado que se trata de animales que
no demandan mucho más que amor y respeto, nos vuelven más sensibles y nos
ayudan a desprendernos de los bienes materiales. Parte de la convivencia con
estas criaturas incluye salir a pasear un mínimo de dos veces al día, para que
hagan ejercicio y se relacionen con otros seres vivos; esta actividad nos
acerca inevitablemente a la naturaleza, nos aleja
de la contaminación y de la superficialidad, y nos ayuda a recordar de dónde
venimos.
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